Empezamos a ir hacia el famoso círculo de piedras que nos dijo el calvito - el primer calvito, preciso, pero hacia la dirección que nos dijo el segundo calvito, infiero -. Ya estaba alto el sol en el cielo cuando vimos a las primeras personas y como parecía que se apretujaban para llegar a ese lugar.
No sé, yo había estado en Woodstock en 1969 en esa Granja del Condado de Sullivan (donde supongo que estará la residencia del Señor Conde) y era algo similar. Había hasta unas máquinas de esas para coger número y luego paneles donde decía cuándo te tocaba. Como no queríamos que nos pasase lo mismo que a Beetlejuice en la cola del Inframundo, esperamos pacientemente que nos tocara a nosotros … con Mamón. Después de aproximadamente el tiempo que tarda Aquí no hay quien viva en terminarse, sí somos fans, aceptaremos el castigo que escojáis, supongo que es un delito tan jodido que no merecemos intentar amortiguar el golpe. Bueno, después de ese tiempo aproximado llegó nuestro número. Un tío todo emperifollado, nada que ver con el pintarrajeado que se notaba que el emperifollado había estado en Eton y luego en Oxford e igual había llevado hasta monóculo. Joder, qué mal suena esa palabra en castellano. He hecho un experimento. He trasladado la palabra española MONÓCULO al griego. Evidentemente, yo no sé griego, solo puedo poner cómo se pronunciaría. Según Google Traslator sería MONO TON KOLO y se traduciría como SOLO EL CULO, conmovedor. Bien, el tío emperifollado (No, no voy a poner en mayúsculas la segunda parte de la palabra "emperifollado", después de la F ésta inclusive, es demasiado evidente) (Nada, no insistáis), que se llamaba German según la etiqueta identificativa que tenía adherida a su tetilla izquierda, se inclinó sobre las piedras ancestrales y las golpeó tres veces con una vara que llevaba y nos invitó a que realizásemos nuestras respectivas solicitudes. Evidentemente lo que queríamos era ver nuestro hogar y cómo seguía todo tras tanto tiempo. Hicimos nuestras peticiones, esperamos unos momentos, y las rocas empezaron a iluminarse con tantos colores y haciendo tantos pitidos que aquello parecía cuando en Encuentros en la 3ª Fase el investigador ese francés intenta enviar un mensaje sonoro y luminoso a la nave extraterrestre.
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