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M-DD

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 Si vamos por el camino que va desde el paraje del bolsillo sin fondo a la montaña bajita y ondulante, montaña famosa porque de sus cumbres nevadas se extrae la nata para esos suculentos helados de fresa que han consolado las rupturas sentimentales de las películas de Meg Ryan, nos encontraremos con una casita casi destartalada y muy venida a menos. La he llamado casita, pero he de reconocer que he pecado de lesa majestad contra la verdad y por mi culpa culpable, por mi culpa, por mi gran culpa, reconozco que la mal llamada por mi casita no es tan pequeña. A ver, si se la considera una construcción de un solo bloque, es desde luego pequeña; pero es que está compuesta por varios de ellos, y separados por muy poco espacio. Así que no, no es tan pequeña. Y no la debí llamar casita, sino que es una casa ya hecha y derecha con múltiples inmuebles adosados a la misma. En esa casit- perdón, en esa casa juro por Isis y Neftis (hermanas GE-ME-LAS) que vivía un ser algo estrafalario e incomprend

Centésima Entrada

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  Hoy he cogido el tranvía de la línea 4 en la parada de Doctor Lluch en dirección a Mas del Rosari y me he bajado en la parada de Sagunt Una vez allí he preguntado a un tío que estaba tomando el solito y consumiendo unas cañas y un bocata si sabía dónde estaba la Calle Filólogo Sanelo donde estaba el Jardín de Morvedre al que quería ir. No lo sabía, pero cogió su móvil, lo buscó y me lo dijo. Se podría decir que estaba a dos pasos, así que allí fui. El Jardín tiene varias entradas, es pequeño, pero bastante funcional. Nada más entrar pude ver esa especie de tubos en semicírculos que sirven para dejar bicicletas. Tengo una teoría, creo que nuestro estimado Concejo se sirve de esos aparcamientos improvisados para captar bicicletas y poder deshinchar las ruedas de esas bicis mientras se encuentren allí. Como prueba presento la siguiente imagen. De todos es sabido que el aire de las ruedas de las bicis de los chavales está viciado y sus moléculas alteradas por lo

Viaje a la luna en tren de Carlos Castello

  Viaje a la luna en tren de Carlos Castello. Se trata de un librito de unas 30 páginas aproximadamente que dejan descargarse gratis en tu e-book y al comenzar a leerlo he podido descubrir el porqué de esa gratuidad. Lo he calificado con dos estrellas sobre cinco, y lo he hecho con tantas porque el título del libro me ha recordado a mi relato en cuatro partes del Proyecto de viaje a la luna ( etrusco ) . Trata del encuentro entre un joven neófito en los viajes en tren a la luna de nombre Arsène Blanchard y un hombre experimentado en los mismos, y que mira si es casualidad, ha participado en poder hacer realidad estos viajes. Jules Deschamps, que así se llama el hombre con quien se encuentra Arsène, hace de guía para éste llevándole a lo largo del tren e indicándole las diferentes actividades que puede realizar en el mismo.

Oleum el aceite de los dioses de Jesús Maeso de la Torre

  Oleum el aceite de los dioses de Jesús Maeso de la Torre . Bueno, en un país multicolor vivía Ezra ben Fazael Eleazar, un judío de Jerusalén en pleno mundo romano durante el gobierno de Tiberio y con el famoso Sumo Sacerdote que jodió a Jesusito de Mi Vida, Jos é Ben Caifás . Ezra tenía una vida cojonuda y le salía todo rodado. Era un fariseo y su familia era la encargada desde tiempos de Moisés de suministrar aceite de primera calidad al templo para actos religiosos. Profesionalmente se había formado con el Maestro Gamaliel, estando a punto de ser nombrado escriba de ese templo de Jerusalén. En el ámbito personal se establece un compromiso de matrimonio con una joven de una familia de la ciudad de Jericó de nombre Naomí. Pero interviene la traición de Caifás y sus Saduceos que asumen el gobierno del templo e inicialmente el padre de Ezra es asesinado, y ya con posterioridad en una emboscada el sirviente del mismo Ezra es asaltado y muerto y a él le hacen esc

Tractor

  Sus padres le llamaron FrAnCiSqUiTo y lo cierto es que era un niño la mar de mono cuando nació. Mono de bello, vivían cerca de Gibraltar pero no es el caso de que FrAnCiSqUiTo fuese brincando de roca a roca. El caso es que todas las señoras se asomaban a la cunita y babeaban al ver los ojazos azules de FrAnCiSqUiTo. Pasó una infancia muy dulce nuestro FrAnCiSqUiTo. Claro que cuando creció todo fue diferente. En la Oficina de Patentes en la que le había colocado su progenitor comenzaron a llamarle Pacorro y sus famosos ojazos azules que habían sido la desgracia de más de una amiga de su madre se escondieron tras unas gafas de concepción, perdón de concha, de color morado como protección contra los rayos del maligno Sol. Pero Pacorro, que ya había asumido ese nombre, tenía un sueño (Sí, he has a Dream y todas esas cosas). Cuando era pequeño, sus padres vivían algo alejados de la ciudad de la línea donde estaba el colegio de primaria, de manera que un agricultor que pos

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