Hoy he decidido ir al Jardín Botánico. No os pienso decir cómo he ido, nada, no insistáis. El Jardín Botánico es bastante extenso y es difícil verlo en un solo día diario. Y además yo estaba cansado después de deambular hasta el parque en cuestión, menos mal que estamos en Valencia y no en París. París de De Gaulle, no París de Homer Simpson. Bien, al entrar en el Jardín Bonánico, hay un plano al que le hice una foto. Se la hice solo para cubrir las apariencias, porque son esas cosas que se hacen y luego se olvidan enseguida.
Solo unos metros adelante me topé con una especie de cuña que debe ser magnética según mi experta opinión recabada en varios foros y quizá estar orientada como suele ocurrir en estos casos hacia los puntos cardinales, aunque se ha establecido que la Constelación de Orión o el cazador como también se la denomina tiene mucho que ver al respecto. Junto a la cuña se puede ver un tocón, muy probablemente utilizado en aquelarres a modo de altar satánico. Solo hay que ver cómo en torno al tocón se asientan las famosas Raíces del Mal, como en la Peli.
Si caminamos algo más por el jardín, se pueden encontrar unos invernaderos de tinte decimonónico. Muchos de ellos tenían escaleras para bajar, así que lo siento pero esos ahí se quedaron, pero había uno grandote con un ambiente interior que probablemente es parecido a lo que sería el planeta pantanoso de Dagobah del Imperio Contraataca.
Por todo el jardín hay unos focos, con aspecto de monjes con la capucha hacia abajo, todo vestidos de negro y rezando todos el Miserere Domine. Le hice una foto a uno de los monjes que no me salió muy allá quizá por intervención divina y justo al lado había un pájaro, también negro como los monjes y con el pico rojo, perdón encarnado, que me llamó la atención por su insolencia. Nada, que no se iba el puñetero. Yo hacía ruidos, restregaba los pies contra el suelo, pegaba pequeñas pataditas, como su fuese el Derecho al Pataleo aquel de la Universidad cuando se morían de frío, pero nada el pájaro ni se movía del sitio, así que simplemente le hice una foto y me largué.
Y ya a la vuelta cogí el Metro. Y no, no os pienso decir en qué estación lo cogí. Pero como curiosidad diré que al ir a cogerlo vi una pintada en la que alguien Sí que cree.












