He de hablar de cuando me invitaron a visitar Jérica con su estilizado Campanario que también parece que crezca con solo mirarlo.
Para ir allí tomamos la carretera de Barcelona vía Sagunto y luego la A23 hasta Segorbe continuando ya a Jérica. Ya en el pueblo acudimos acudiendo al Hogar del Jubilado, dado que quien me invitó tenía conocidos en ese lugar y quería saludarles. Pronto iba a ser la hora de comer y nos habíamos enterado que ofrecían cerca de allí una especie de olla típica del lugar acompañado de unas pastas también típicas para conmemorar la festividad de Santa Águeda. Pedimos prestadas en el Hogar a los amigos de mi anfitriona unos envases para poner la olla que nos sirviesen y nos fuimos a hacer cola, porque evidentemente cola habría si daban comida gratuitamente. Lamentablemente no hice ninguna fotito en ese viaje. Aún así llamó la atención una especie de callejón o corredor con viviendas a ambos lados donde ponía “callizo moro”. También me llamó la atención poderosamente la Iglesia de la Sangre con su campanario laboriosamente trabajado. Cuando llegó nuestro turno, salimos de allí con nuestros envases llenos y con nuestras pastitas. Solo que como aún era pronto entramos en una carnicería y compramos algo de charcutería que por esa zona es bastante buena: yo compré unas morcillas y mi anfitriona no pudo resistirse y se decidió por unos choricitos redondos que según la dueña eran pelín picantitos. Y desde luego yo tiré para lo de siempre y me hice con una buena porción de queeesoo. Y es que como a Steve Urkel me encanta. Además tuve suertecilla con el precio, porque la lista con las tarifas estaba en el móvil de la dueña y lamentablemente (para ella) lo acababa de perder así que como no lo encontraba no hubo más remedio que cobrar a la baja para que nadie protestara hasta que apareciese el dichoso móvil.
Ya con nuestra comida y nuestra compra volvimos al Hogar del Jubilado que no lo he dicho pero está al lado de una especie de torreta, claro que en ese pueblo todo está junto a alguna torre o iglesia antigua y debe ser una verdadera gozada vivir allí. Cuando me hice un pequeño tour por él creí volver a encontrarme en la ciudad medieval francesa amurallada de Carcasona, la única pega que le encuentro además de que su Ayuntamiento está hecho una pena penita pena es que está enclavado en una pequeña montañita pero con mucho sube y baja y aunque es relativamente chiquitín tela …, parece que estés en las escaleras de Notre Dame. Volvimos allí (al Hogar del Jubilado, no a Notre Dame) porque teníamos una mesa para comer. Y a tiempo, porque estaba lleno a rebosar. Evidentemente como la comida había sido gratis hubo críticas hacia su preparación. Que si la olla estaba algo pasada o algo así. Lo cierto y aunque suene a peloteo (no en vano en 6º curso de la antigua EGB yo era el ojito derecho de mi profe) a mi me pareció que estaba la mar de bien, incluido el postre. Pero al final comimos tranquilamente, y tras devolver los cacharros que nos habían prestado tomamos ya el camino de vuelta a Valencia.
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