Lo admito, cada vez remoloneo más en la cama y me cuesta más tiempo despegarme de las sábanas. Además, para no parecer un dormilón de primera, puedo “adoptar” la excusa que me han comentado varias personas de que me tome las cosas con más calma y espacie las escapadas que hago.
Al llegar a Burjassot, donde iba a ir hoy, primero les hice unas fotitos a unos chales venidos a menos que hay junto a la Estación y que, según mi parecer, trataban de emular al Palacete de Ayora. Luego, fui preguntando por la dirección del Ayuntamiento, porque sabía que justo al lado había unos silos del S.XVI que quería ver, y me indicaron que siguiendo la Calle Blasco Ibáñez hacia la derecha y torciendo luego a mi izquierda, estaba en la Pl. Emilio Castelar. Así, que al desembocar en la Calle Blasco Ibáñez, me fui hacia la derecha y al torcer a la izquierda encontré la única Calle que sé que tiene un rótulo que indica su nombre y cómo la llaman popularmente, ponía: “Carrer Jorge Juan, popularment Carrer del Tramvia. Al final del Carrer del Tramvia estaba el Ayuntamiento de principios del S.XX. Debo enmendar un error. En la anterior Entrada de Burjassot escribí, Casa de Cultura-Ayuntamiento. Lo cierto, es que ésta ofrece ciertos trámites municipales, como Registro o Padrón, pero el Ayuntamiento de verdad está en la susodicha Pl. de Emilio Castelar. Junto al Ayuntamiento se encuentran los Silos. Lamentablemente, y no sé si es por la pandemia pero estaba cerrada la verja de entrada, a pesar de que Internet me indicaba que se encontraba abierta 24 horas. Bueno, en esa misma Plaza pero en la parte de abajo está la Biblioteca Municipal, que es una casa de planta baja y piso con una especie de torre en medio que le suma dos alturas más. Luego, di media vuelta, rodeé los Silos y eché un vistazo a la Ermita de San Roque y la Virgen de la Cabeza del S. XVI. Tras ver lo que se podía ver, volví por donde había venido. Lo malo es que la Calle Blasco Ibáñez es una Calle larga como un día sin pan y que, por la parte de abajo tiene varias salidas a lo que es la vía del metro, pero por la parte de arriba que es adonde quería ir yo, hasta que no vas casi al final no encuentras la Calle Cervantes y comprendes que aquí tienen una fijación con los escritores, teniendo en cuenta que Andrés Estellés nació en Burjassot. Además, en la Calle Blasco Ibañez no es que haya nada de interés patrimonial. Miento como un político. Está el Mercado Municipal, con un entramado de vigas de madera muy bonito, y desde luego está la joya de la corona, al que yo creo que la UNESCO habrá otorgado una calificación de suma excelencia: el Museo del Botijo de Burjassot que lamentablemente estaba cerrado, ya que me habría encantado visitarlo. No, desde luego Burjassot tiene un montonazo de cositas interesantes para ver.
A la vuelta, estaba tan cerca que me fui andando hasta una zona cercana al Palacio de Congresos y más concretamente al Hotel Sorolla de Cuatro Estrellas y calidad superior, pero no me pareció digno de mi alcurnia, así que pasé de él y cogí el Autobús 99.









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