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jueves, febrero 01, 2024

Yapigios 5 - Parte 1

 

Según mis cálculos llegamos cuando se celebró la Olimpiada 129, aunque eso no lo tengo claro. Arshi era una población pequeña y no tenía un templo adecuado. Solo había un sacerdote budista, que guardaba conocimientos ancestrales de la zona y que dijo que era un Bonzo budista que no era del Tamir ni de las ciudades del desierto de Taklamakan o circundates, pero que hacía mucho que había venido a Arshi. Se llamaba Gian o "Maestro del conocimiento" (conocimiento con "n" no con "ñ") y estuvo encantado de mostrar lo que sabía a viajantes que venían de tan lejos y que se habían mojado las posaderas en los lagos camino a Yarkand. Vestía con una amplia túnica plegada hábilmente a su cuerpo y un tocado que otrora había sido suntuoso y ahora se quedaba en tiñoso adornaba su primorosa cocorota. Le recordé que precisamente cuando aconteció lo de remojar nuestras nalgas en los lagos se me metieron piedrecitas en el calzado, y se mostró realmente compungido por tan siniestra circunstancia. Nos dijo que desde que llegó hacía ahora siete estaciones a la población, había guardado y catalogado todo lo que pudo encontrar y escuchar para luego copiarlo en papiro y lo demás lo tenía convenientemente conservado. El papiro era caro pero afortunadamente cada dos inviernos venía una caravana desde Bagdad y en ella viajaban mercaderes a quienes podía solicitarles alguna remesa. Cuando nos asentamos en Arshi, di un cambio que te cagas, vamos que no me reconocería ni la madre que me parió. Parecí adaptarme al entorno, a las nuevas circunstancias y a la cultura uigur. Solía decir que lo que me gustaría sería quedarme aquí para siempre y aunque nadie me hacía demasiado caso, no sé, es que parecía que lo decía en serio y todo, con esa forma de decirlo como quien no quiere la cosa pero a la vez, no trasladando una preferencia ni un gusto, sino algo que ocurriría de todos modos. Pero bueno, lo dicho, nadie me hacía demasiado caso.

Un día Gian entró en la vivienda en la que nos encontrábamos y nos comunicó que había descubierto unas pinturas en tablillas. La vivienda uigur en la que estábamos establecidos no era muy grande, pero era bastante funcional, así que pudimos atender correctamente a nuestro invitado, ofrecerle asiento en una estera que poseíamos y algo de Kumis que nos habíamos agenciado. No hacía ya mucho calor, pero como Gian ya tenía una cierta edad y la casa en la que vivíamos estaba excavada directamente en la tierra y mantenía la temperatura ya hiciera frío o calor, supongo que su ya avejentado cuerpo lo agradecía.




Casa de la zona




De esa manera Gian pudo contarnos tranquilamente todo lo relativo a su descubrimiento. Comenzó el relato diciendo que al llegar a Arshi, se encontró con que las antiguas religiones de la zona tenían su centro en la ciudad, pero un pequeño depósito en el área del Lop Nur, que son unos lagos salados cuyas zonas exteriores se resecan y resultan ideales para conservar cualquier cosa. Finalmente le comunicaron la ubicación exacta de ese depósito y pudo hacerse con su control. Primero había que hacer un muy corto recorrido paralelo al río Liusha hacia el sur hasta el lago Bosten, y luego un viaje por el desierto hasta el Lop Nur y la cueva donde estaba el depósito. Así que lo dicho, primero lo más sencillo, que era bajar un corto trecho hasta el lago bordeando el río, pero luego ya había que confiar en que la memoria de Gian no fallara y recordase la ruta que había que tomar desde allí a través del desierto para llegar al Lop Nur. Solo recuerdo que cuando nos adentramos en el desierto me encomendé al dios por quien estábamos bendecidos según el capitán persa de Jerusalén, el dios persa del tiempo y el destino Zurván. Pero finalmente llegamos a una especie de montañas arenosas endurecidas que había horadado las aguas saladas del Lop Nur, y una de esas oquedades, algo más grande, nos invitaba a entrar. O sea que la memoria de Gian seguía intacta y nos guió al interior del depósito. Después de apartar unos arbustos, Gian descubrió la abertura nos tuvimos que agachar para entrar en una cueva que no era excesivamente grande. Jmag llevaba una antorcha y su llama iluminó Cosas Maravillosas, clarifico había un montón de pliegos, tablillas y cerámicas y tal y como se nos dijo ordenadas.

 

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