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lunes, enero 17, 2022

Apsu y Tiamat

 

 Aviso a navegantes: el siguiente relato no es que sea muy feminista que digamos. Podría servir de excusa el que es un relato basado casi todo cuando nuestros antepasados iban por ahí en taparrabos, pero el hecho es que la mujer aún aparece supeditada al macho dominante. 

Hace eones, en el 2.600 a.C. o así, entre dos ríos vivía un dios draconiano y de tintes dorados llamado Apsu o tal vez su nombre fuese Abzu, nunca lo había podido pronunciar correctamente con esas grandes mandíbulas atascándose en su boca. El dios Apsu representaba a las aguas dulces de la tierra mientras que su esposa Nammu - muy femenina y bella - representaba el abismo de las aguas. No hay que olvidar que en aquellos lejanos tiempos, la mar salada no era el mar del Yellow Submarine de los Beatles sino que representaba al desorden en estado puro y duro: se navegaba costeando sin separar la mirada de la línea del litoral, y aún así, todo eran tempestades, tormentas, tifones, y desde luego naufragios constantes. Parece que los dioses Apsu y Tiamat no tuvieron progenitores y se les considera los primeros del Panteón Mesopotámico, de forma y manera, ¡¡¡¡ que a inventar se ha dicho !!! 

 Yo recuerdo, porque era muy amigo de Apsu (soy más viejo que las pirámides), jugábamos al Juego Real de Ur, y puedo decir que su madre Susubi todo era entrar en su cuarto y gritarle que lo ordenase y aireara un poco el ambiente que allí olía a tigre, qué ojalá ella no se muriese pronto porque entonces no sabía cómo saldrían adelante ni él, ni el zompo de su padre, y todas esas lindezas que suelen decir las madres que luego va e igual se cumplen y todo. Conforme se hacía mayor y no se iba de casa, le decía eso de que se tenía que echar novia, y él giraba la cara y medio sonreía tontamente, queriendo encontrar un agujero en el que meterse. Un día, ya en la Instituto, en clase de "cómo construir un Zigurat derecho sin morir en el intento", Apsu vio a una chica llamada Tiamat. Aunque Tiamat estaba casi de espaldas, debió darse cuenta de que la miraba con esa rara capacidad que tienen prácticamente todas las mujeres sean de la especie que sean, aunque no se encuentren en el radio de acción del sujeto, ¡toma ya! qué técnico me ha quedado. Sea como sea, Tiamat trató a Apsu como si este último fuese invisible, cosa que dejó todo aplatanado al chaval. ¡No sé cómo consiguió Apsu después de ese desplante enlazarse con la bella Tiamat! Bueno, sí lo sé, era solamente un decir. Si fuese en el Siglo XXI, Apsu lo tendría bastante jodidillo, pero en el año (- 2.600) eran los padres los que casaban, de manera que Apsu fue a ver al Progenitor de Tiamat que era una serpiente marina de tres cabezas y lengua bífida en las tres llamada Tat. Cuando Apsu se encontró finalmente ante Tat, por primera vez en su vida, hubo de alzar la cabeza para ver a alguien, y eso que Tat estaba sentado y él de pié aunque levemente inclinado, todo hay que decirlo. Pero Tat estaba intimidado, la familia de Apsu era muy antigua e importante y desde luego se decía que poseían numerosas reses entre el Tigris y el Eufrates, el problema era el cómo descender hasta la altura de este chavalín que apenas acababa de romper el cascarón sin abandonar su posición de superioridad. Finalmente se decidió. El era una serpiente marina y el chico un dragón, vamos que ambos eran reptiles. Así se lo dijo, que dos reptiles deberían estar de acuerdo. Terminaron tan amigos, sentados en sillones contiguos y tomándose dos vasos de vino de dátiles con sésamo. Apsu dijo que estaba autorizado a ofrecer en nombre de su familia 17 reatas de ganado y 5 norias en buen estado, y de esa manera se cerró el trato por Tiamat sin darle muchas vueltas, después de todo solo era una hembra y hembras había muchas. Ya te digo, eso en el Siglo XXI, Apsu lo hubiese tenido jodidillo. Bueno, se trasladaron a vivir juntos, porque los dos eran jóvenes pero habían alcanzado la mayoría de edad en Babilonia: él tenía 17 primaveras y ella la friolera de 12 añitos. La familia de Apsu tenía una casa de campo a las afueras de Ur con un pequeño terrenito circundante, y allí estableció su nueva residencia la bella y la bestia. Luego, ya se sabe, vino el Síndrome de Estocolmo y la bella cayó en las garras de la bestia.

En las primeras 15 lunas, la parejita realizó un viaje en carabana con todos los lujos que Apsu se podía costear a la ciudad cercana de Uruk donde al parecer había construcciones importantes del pueblo Sumerio que había habitado esas tierras antiguamente. Y en las 15 lunas que las seguían no abandonaron apenas la casa de campo en la que se habían establecido. Doy fe de ello, no les vi el pelo en todo ese tiempo. Tenían un pequeño artilugio en el comedor, como un reloj, que te mostraba el calendario (día/mes/año y carta astral) que debía ser un antepasado del mecanismo de Aticitera, con la salvedad de que creo que este funcionaba con arena; pues a este aparato lo vi más que a ellos durante este tiempo, ya que se ocultaban en su habitación. Cuando ya pasó toda la fiebre inicial, vino Madame Routine a instalarse entre la pareja. Estábamos en el 2.600 a.C. y aún no había comenzado la Liberación de la Mujer, de forma que Apsu iba al trabajo todas las mañanas a sus oficinas del centro de Ur como un buen Jim Carrey en el Show de Truman y Tiamat se iba de tiendas a unas tiendas y bazares que habían inaugurado hacía poco en la ciudad de Larsa, cosa que evidentemente hacía que al llegar Apsu a casa, este y Tiamat se peleasen por el gasto excesivo que había originado ella. Que si el usurero que los padres de él les habían proporcionado para que les diese oro a cuenta suya no les daría más si viera los gastos tan enormes que había hecho en una sola tarde, que si tenía que haberle hecho caso a su padre que decía que la de Tiamat era una familia empobrecida pero es que su madre no hacía más que pincharle para que se casara claro que no decía con quien, que si era muy hermosa pero no sabía ni freír un huevo, etc. Claro que ella le había salido respondona. Le decía que después de todo, su familia no podía quejarse, que todo el mundo sabía que desde que su abuelo el Áspid había extorsionado a aquel terrateniente, todo les había salido rodado a sus descendientes, y solo habían tenido que cobrar unas rentas que habían heredado fraudulentamente. Y que si quería freírse algo, no tenía nada más que poner sus huevos en la sartén y encender el fuego. Al final acabaron a pelotera diaria, y terminaron llegando a las manos. Un día que la cosa se estaba poniendo excesivamente fea, un vecino que oyó las voces de nombre Enki, entró en la casita, se enzarzó con Apsu, y el enfrentamiento terminó con los dos gravemente heridos. Lamentablemente, aunque Enki sí que pudo finalmente recuperarse Apsu falleció de las graves heridas. Esa es la historia de mi amigo Apsu, o sería tal vez Abzu, quería dejar clara su historia porque de Apsu lo cierto es que se sabe muy poco. Yo, ya se sabe, no tiene ningún misterio, cogí mi DeLorean y me volví para casa.