Pasaron los días desde mi incidente en la famosa pinada del pueblo, y comencé mis indagaciones sobre la malévola Ventosidad Escarlata. Un día diario estaba en un urinario realizando una de mis preciadas labores analíticas, y escuché un rumor sobre el remoto y legendario reino de los Tres Charquitos. Y donde estaba ese Reino de los Tres Charquitos? Pues sí, lo habéis adivinado, pero qué listos sois! es allí donde el viento cepilla las copas de los pinos, transformando en ondas sus múltiples ramas. Vamos, en el bosque de pinos enanos, perdón de pinos pezqueñines.
La historia era la siguiente. En el pueblo vivía un Sexador de Pollos. Y el Sexador, como no podía ser de otra forma, se enamoró perdidamente de una Oledora de Axilas asistiendo a Misa. El Sexador era un chico tímido y salía poco de su casa, solo para ir a la Iglesia porque había poco qué hacer en ese pueblo. Pero un día se armó de valor y se dijo que entraría en el bar a socializar. Allí se enteró, por un tartamudo que hablaba por los codos de la historia del Legendario Reino de los Tres Charquitos. Lo típico, que estaba gobernado por un rey hechizado con un embrujo según el cual no podía salir de su territorio, y además ese rey tenía innumerables tesoros de todo tipo. Bueno, sería una historia típica de cuento, pero era irresistible. Y el Sexador pensó soñadoramente que entraría en la pinada, encontraría ese reino y hallaría muchas riquezas para su Oledora de Axilas particular. Así seguro que hacía que se fijara inmediatamente en él. Una mañana mañanera, el caballero sin caballo que era el Sexador de Pollos se adentró en la pinada. Caminaba y caminaba y no encontraba nada. Se apoyó un momento momentáneo en un cercano árbol y de golpe se dio cuenta de que sus calcetines era uno de un color distinto del otro. Se los quedó mirando embobado y, Zop! coño, el calcetín izquierdo ha cambiado su color y ahora es igual al que tiene el derecho. Se preguntó una cosa. En su casa hay otra pareja de calcetines también de distinto color, si estos que lleva puestos han cambiado, habrán cambiado también aquellos? Pero ahora la cuestión son estos de aquí. Cómo ha pasado? Lo ha hecho alguien … o algo? Bueno, estaba pensando en eso y sintió que caía, se empequeñecía y lo atrapaba su calcetín izquierdo envolviéndolo en un abrazo asfixiante.