Ñññññññiiic! Coño, ahí está tal cómo decían, no tendría que haber desconfiado tanto. Y las indicaciones son correctas. Pasando el Páramo Yermo, dejando de lado la Catarata Resonante, y cuando se traspasa la puerta inconmovible (creo que en el pasado un mago oscuro le lanzó un conjuro del tipo del mago británico ese de la lechuza, algo así como HUMITAS INFLEXIBILIS). Vamos, pasada la puerta vemos el lavabo reluciente y el espejo sin sabor (por las cabezas de Ladon no lo lamas aunque te apetezca, caca nene, que una vez lo lamí y sabía a rayos). Ya en posición y habiendo realizado todas las operaciones previas, procedí a iniciar el proceso procediendo con suma cautela y siempre siguiendo el procedimiento. Zzzzip! Blif! y la extraje. Sí, solo un simple blif!, nada de Bobloploff!! después del Zzzzip! Pero qué os creéis, por las barbas del dios Bes? Bueno, sigo. Cuando ya la extraje y surgió la Agüita Amarilla, recordé una escena de la película El último Emperador, donde el Comisario del Pueblo o como se llame el cargo que hablaba periódicamente con el Emperador se sienta con él en una de sus sesiones y le comenta que sus compañeros se quejan porque por las noches nocturnas se levanta y esparce su dorado líquido dador de vida y éste cae directamente al fondo del cubo metálico utilizado para tales fines, haciendo bastante ruïdo y despertándoles. Aconseja al Emperador Emérito que esparza amorosamente su caudal benéfico en un lado de ese cubo de metal, amortiguando entonces dicho ruido. Pero mi BLIF - sí Charlie Harper llamaba PITÓN a su cosa y yo la llamo BLIF - no sabe emular al Último Emperador rociando solo hacia un lado, sino que indiscriminadamente riega a un lado y a otro. Parece un aspersor de esos de los Campus Universitarios.
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