Torcimos hacia la izquierda y continuaron zonas más montañosas. Y tras una larga caminata llegamos a las orillas de un lago salado donde pudimos descansar. Debo decir que el lago es salado, pero desaguan tres ríos en él de forma que pudimos reponer nuestra provisión de agua sin problema. Finalmente nos echamos todo lo largo que éramos a roncar un rato en la orilla. De repente noto una humedad insólita en mis mejillas, lo que me recuerda que es el día internacional del beso, y cuando abro los ojos me encuentro con unos ojos equinos al otro lado. Un caballo inclina su cabeza sobre mi y me despierta a lametones. Como me levanto de golpe un poco más y me pego un coscorrón con el caballito de marras. Termino de ponerme de pie a trompicones y echo un buen vistazo al animalejo. Juro por Isis y Neftis que era el caballo dorado de Gian. Entonces Jmag y yo tuvimos un "debate filosófico" sobre qué hacer con el ejemplar. Jmag quería llevárselo a Yapigia para ofrecerlo a nuestro Señor de los Caballos, el dios Menzanas, ya que sería el único digno de ser montado por él. Yo argüía que debía quedarse allí con los suyos puesto que era donde había nacido. No hacía falta llevar el caballo, podíamos llevar pelos suyos y la tablilla al templo, con eso sería suficiente. Pero finalmente cedí. Ya que estábamos en la zona de influencia del Zoroastrismo - dije - había que hacer buenas obras y ceder en nuestras pretensiones. Decidimos volver por un camino más directo a Arshi, y una vez llegamos le comunicamos a Gian todo lo referente al descubrimiento del caballo dorado y a lo que habíamos decidido hacer con él.
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