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jueves, abril 02, 2026

La Ventosidad Escarlata 6

 

Se invitó a pasar al mago al salón donde yo estaba. Entonces yo era una persona como todas las demás, pero con cetro y corona. El mago dijo que podía hacer realidad todos mis deseos. Eso era mucho, y quise ponerlo a prueba. Le pedí diez diamantes del tamaño de un puño. A la mañana siguiente, vino con una cajita nacarada con aroma a cedro. La abrió y dentro estaban los diamantes. En la siguiente ocasión le pedí 20 caballos árabes. En la siguiente, 100 perlas purísimas de las Antillas. Siempre cumplía. Tengo habitaciones llenas de tesoros hasta el techo. Me impuso una condición. No debía salir del reino. Yo me impacientaba y quería recorrer el mundo con mi riqueza. Una vez que el mago no estaba y me había abandonado como el desodorante. Me dije que después de todo yo era el Rey y todas las posesiones del Reino me pertenecían. Así que forcé la salida. Se oyó un trueno atronador y apareció el mago junto al rey. Le miró con unos ojos hipnotizadores y sus manos hicieron pases arriba y abajo. De repente, el rey notó un hormigueo por toda la columna y una sensación cálida y agradable recorriéndole la parte posterior del cuello. Pero lo que no resultó nada agradable fue las consecuencias de esa sensación. Ya que cuando el Rey se miró las manos, lo que vio fue unos apéndices de aspecto gelatinoso y semitransparente. Y cuando por fin pudo verse reflejado en un arroyo de montaña, como quería hacerlo el Señor Burns de los Simpson, vio que había sido convertido en una rana. Y además el mago tenía una vena sádica y se había regodeado, porque su magnífica corona toda engastada de pedrería, con rubíes, esmeraldas y amatistas, el mago la había convertido en una pequeña coronita de papel.

 

A partir de ahora tendrás que estar en forma de rana dentro de tu Reino y con tus riquezas, hasta que alguien ocupe tu lugar.

 

Y si esa persona me sustituye, se convertirá en rana ella también?

 

Claro que no, solo te he maldecido a ti.

 

 

Y el mago se marchó.Y a su barco le llamó Libertad.

 

 

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La Ventosidad Escarlata 5

 

Cuando finalmente llegó al suelo o lo que fuese, cayó dando vueltas como dice la leyenda que hizo Cleopatra ante César, la diferencia está en que Cleo (la séptima de su nombre) lo hizo dando vueltas y saliendo de una alfombra y el Sexador dio vueltas desde un calcetín. Se encontró en un camino pedregoso rodeado de árboles cerrados y justo enfrente tenía una visión de postal: un castillo de esos góticos con el puente levadizo bajado como invitándole a entrar. El Sexador (Que tiene nombre !!!) … Vale, pues Obdulio cruzó ese puente que como el de Terabithia le daba acceso a un Reino de fantasía. Ya dentro del castillo, tras haber franqueado el portalón de entrada, y haber hecho patinaje artístico en el recibidor, se ve que los criados habían encerado el suelo una barbaridad, vamos que se habían ganado la cena, entró en el salón y … pues que no vio a nadie. Aquello era muy bonito, muy amplio y cuidado. Había bastantes pinturas, esculturas repartidas por la todos los rincones, una rana muy graciosa en un lado, pero por lo demás estaba vacío. El Sexador Obdulio comenzó a pasearse arriba y abajo por el salón del castillo, miraba las pinturas y contemplaba las esculturas. Al final le dio por hacer el chorra y se plantó delante de la rana. Le hizo una elaborada reverencia con el sombrero y se expresó de esta forma:

 

Disculpad Buena Señora, he llegado a este bello castillo para hablar con Su Majestad. Podríais indicarnos donde podemos encontrarle? O tal vez esta no es Su Residencia?

 

Y la rana de golpe se animó: croac

 

Coño, está viva - dijo el Sexador.

 

Yo soy tu padre … uy perdón. Yo soy el rey Su Majestad - volvió a animarse la rana.

 

Y encima habla, como el burro de Shrek - dijo Obdulio (el Sexador leche).

 

Su Majestad la Rana se aclaró y enjuagó la garganta con un vaso y ante un espejo (surp … blublublu … zap), hizo gárgaras (glogloglogloglo … zap) luego hizo los típicos ejem ejem, y se preparó para la explicación. Un día diario nuestros vigías nos anunciaron a un mago que había aparecido a las puertas del castillo. No se sabía de donde venía y había salido como de debajo de las piedras.

 

 

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La Ventosidad Escarlata 4

 

Pasaron los días desde mi incidente en la famosa pinada del pueblo, y comencé mis indagaciones sobre la malévola Ventosidad Escarlata. Un día diario estaba en un urinario realizando una de mis preciadas labores analíticas, y escuché un rumor sobre el remoto y legendario reino de los Tres Charquitos. Y donde estaba ese Reino de los Tres Charquitos? Pues sí, lo habéis adivinado, pero qué listos sois! es allí donde el viento cepilla las copas de los pinos, transformando en ondas sus múltiples ramas. Vamos, en el bosque de pinos enanos, perdón de pinos pezqueñines.

La historia era la siguiente. En el pueblo vivía un Sexador de Pollos. Y el Sexador, como no podía ser de otra forma, se enamoró perdidamente de una Oledora de Axilas asistiendo a Misa. El Sexador era un chico tímido y salía poco de su casa, solo para ir a la Iglesia porque había poco qué hacer en ese pueblo. Pero un día se armó de valor y se dijo que entraría en el bar a socializar. Allí se enteró, por un tartamudo que hablaba por los codos de la historia del Legendario Reino de los Tres Charquitos. Lo típico, que estaba gobernado por un rey hechizado con un embrujo según el cual no podía salir de su territorio, y además ese rey tenía innumerables tesoros de todo tipo. Bueno, sería una historia típica de cuento, pero era irresistible. Y el Sexador pensó soñadoramente que entraría en la pinada, encontraría ese reino y hallaría muchas riquezas para su Oledora de Axilas particular. Así seguro que hacía que se fijara inmediatamente en él. Una mañana mañanera, el caballero sin caballo que era el Sexador de Pollos se adentró en la pinada. Caminaba y caminaba y no encontraba nada. Se apoyó un momento momentáneo en un cercano árbol y de golpe se dio cuenta de que sus calcetines era uno de un color distinto del otro. Se los quedó mirando embobado y, Zop! coño, el calcetín izquierdo ha cambiado su color y ahora es igual al que tiene el derecho. Se preguntó una cosa. En su casa hay otra pareja de calcetines también de distinto color, si estos que lleva puestos han cambiado, habrán cambiado también aquellos? Pero ahora la cuestión son estos de aquí. Cómo ha pasado? Lo ha hecho alguien … o algo? Bueno, estaba pensando en eso y sintió que caía, se empequeñecía y lo atrapaba su calcetín izquierdo envolviéndolo en un abrazo asfixiante.

 

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Wikipedia

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